¿Tienes un alto sentimiento de justicia?

Cuando una persona tiene un alto sentimiento de justicia, suele experimentar:

  • Mucha sensibilidad ante lo injusto.
  • Dificultad para “dejar pasar” situaciones.
  • Alta exigencia moral hacia sí misma y hacia los demás.
  • Emociones intensas (ira, rabia, frustración, decepción, etc.).
  • Tendencia a rumiar.

Tener un alto sentimiento de justicia no es algo negativo en sí mismo, pero puede generar mucho malestar, si se vuelve algo rígido o constante.

¿De dónde viene ese sentimiento?

No hay una única causa. Suele ser una combinación de varios factores:

  1. Educación y valores aprendidos:

Personas que han crecido en entornos donde:

  • Se enfatizaba mucho lo correcto/incorrecto.
  • Había normas muy claras (o muy rígidas).
  • Se premiaba siempre “hacer lo correcto”.

Esto puede generar un sistema moral muy rígido o exigente.

  1. Experiencias de injusticia en el pasado.

Haber vivido situaciones como:

  • Trato desigual.
  • Falta de reconocimiento.
  • Abusos o límites vulnerados.

Puede hacer que la persona desarrolle una especie de “radar” muy sensible a la injusticia.

  1. Rasgos de personalidad.

Algunos perfiles tienden más a:

  • Alta responsabilidad (perfeccionismo).
  • Alta empatía.
  • Necesidad de coherencia y control.
  1. Creencias limitantes introyectadas.

Que dan lugar a pensamientos de tipo:

  • “Las cosas deberían ser justas”.
  • “Si alguien actúa mal, hay que corregirlo”.
  • “No puedo tolerar la injusticia”.
  1. Necesidad de control y seguridad.

A veces, el fondo no es sólo la necesidad de justicia, sino:

  • Necesidad de que el mundo tenga sentido.
  • Dificultad para tolerar la incertidumbre.
  • Intolerancia a lo impredecible.
  • Baja tolerancia a la frustración

Si te sientes identificad@ con todo esto, me gustaría que te quedaras con algo importante: no hay nada “malo” en tí por sentir la injusticia de una forma tan intensa. Al contrario, habla de una parte muy valiosa de tí: de tu alta sensibilidad, de tu fuerte sentido ético y moral y de tu forma tan implicada de estar en el mundo.

Ahora bien, cuando esa exigencia moral empieza a generarte malestar o problemas en tus relaciones personales, no se trata de apagarla ni de dejar de ser quien eres. Se trata de aprender a sostenerla de una manera más amable contigo, sin que te desborde, ni te desgaste.

En terapia, el objetivo no es cambiar tus valores, sino ayudarte a flexibilizar esa exigencia, para que puedas vivir con más calma en un mundo que, a veces, no funciona como nos gustaría. Y desde ahí, encontrar un equilibrio más sano entre defender lo que es importante para tí… y cuidarte en el proceso.

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